viernes, 27 de marzo de 2026
viernes, 13 de marzo de 2026
COMPENDIO DEL CATECISMO DE LA IGLESIA CATOLICA
Esta es nuestra fe, la fe de la Iglesia.
Símbolo de los Apóstoles
Creo en Dios, Padre Todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra.
Creo en Jesucristo, su único Hijo, Nuestro Señor, Que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo, nació de Santa María Virgen, padeció bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado, descendió a los infiernos, al tercer día resucitó de entre los muertos, subió a los cielos y está sentado a la derecha de Dios, Padre todopoderoso. Desde allí ha de venir a juzgar a vivos y muertos.
Creo en el Espíritu Santo, la santa Iglesia católica, la comunión de los santos, el perdón de los pecados, la resurrección de la carne y la vida eterna. Amén.
Credo Niceno-Constantinopolitano
Creo en un solo Dios, Padre Todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra, de todo lo visible y lo invisible.
Creo en un solo Señor, Jesucristo, Hijo único de Dios, nacido del Padre antes de todos los siglos: Dios de Dios, Luz de Luz, Dios verdadero de Dios verdadero, engendrado, no creado, de la misma naturaleza del Padre, por quien todo fue hecho; que por nosotros, los hombres, y por nuestra salvación bajó del cielo, y por obra del Espíritu Santo se encarnó de María, la Virgen, y se hizo hombre; y por nuestra causa fue crucificado en tiempos de Poncio Pilato; padeció y fue sepultado, y resucitó al tercer día, según las Escrituras, y subió al cielo, y está sentado a la derecha del Padre; y de nuevo vendrá con gloria para juzgar a vivos y muertos, y su reino no tendrá fin.
Creo en el Espíritu Santo, Señor y dador de vida, que procede del Padre y del Hijo, que con el Padre y el Hijo recibe una misma adoración y gloria, y que habló por los profetas.
Creo en la Iglesia, que es una, santa, católica y apostólica. Confieso que hay un solo Bautismo para el perdón de los pecados. Espero la resurrección de los muertos y la vida del mundo futuro.
Amén.
RECORDANDO EL MENSAJE DE FATIMA III
AMARAS AL SEÑOR TU
DIOS
¿Por qué Dios quiso
darnos este precepto? ¿Necesita acaso Dios de nuestra adoración?
Dios es infinitamente
feliz en sí mismo, no precisa de nadie ni de nada, Tiene en sí todos los
bienes, y toda la plenitud, y puede disponer de todo sin que nada se le oponga.
Por tanto, nuestra adoración nada le añade.
El adorarle a él fue
dispuesto más bien en función nuestra, pues esa adoración va a repercutir en
beneficio nuestro.
Él es el único digno
de ser adorado, de recibir nuestra adoración y ¡de recompensarla!
Este mandamiento esta
dictado por el Amor. Dios nos mandó adorarle solo a él para que no anduviésemos
adorando falsas dignidades que nada pueden hacer por nosotros.
Leemos en el libro de
Deuteronomio:
6 «Yo
soy Yahvé tu Dios, que te he sacado del país de Egipto, de la casa de
servidumbre.
7 «No
tendrás otros dioses fuera de mí.
8 «No
te harás escultura ni imagen alguna, ni de lo que hay arriba en los cielos, ni
de lo que hay abajo en la tierra, ni de lo que hay en las aguas debajo de la
tierra. 9 No te postrarás ante ellas* ni les darás culto.
Porque yo, Yahvé tu Dios, soy un Dios celoso, que castigo la iniquidad de los
padres en los hijos hasta la tercera y cuarta generación, cuando me
odian, 10 pero tengo misericordia por mil generaciones
cuando me aman y guardan mis mandamientos.
(Deuteronomio, 5 6-9)
Esta adoración es un
precepto de Amor. Agradecemos que Él nos amara primero. Desde la eternidad nos
dio el ser y nos dio beneficios en el orden de la naturaleza y de la gracia, y
lo más importante: Un destino a la vida eterna donde participaremos plenamente
de los dones de Dios. Esto último no lo hará sin que lo aceptemos libremente:
Por esto existe el infierno que es la opción de rechazar definitivamente a
Dios.
La observancia de
este mandamiento nos aproxima a Dios. Por este mandamiento encontramos la
misericordia, el perdón y la gracia.
En el libro del Éxodo,
leemos como tras el episodio del becerro de oro en el que ante la ausencia de
Moisés el pueblo se fabricó una imagen falsa de Dios fabricó el pueblo para adorarlo
según su gusto sin respetar lo establecido por Dios, Moisés regresa al Horeb
para interceder por el pueblo. Allí pide a Dios que le muestre su bondad.
Moisés adorando la conoce la inmensidad de su bondad. Dios sigue amando a su
pueblo a pesar de sus pecados.
Jesús también nos
habla también del amor y paciencia de Dios:
Yo soy el Buen
Pastor. El buen pastor da su vida por las ovejas. No así el asalariado, que no
es el pastor ni las ovejas son suyas. Cuando ve venir al lobo, huye abandonando
las ovejas, y el lobo las agarra y las dispersa.
A él sólo le interesa
su salario y no le importan nada las ovejas. Yo soy el Buen Pastor y conozco
los míos como los míos me conocen a mí, lo mismo que el Padre me conoce a mí y
yo conozco al Padre. Y yo doy mi vida por las ovejas.
Tengo otras ovejas
que no son de este redil. A esas también las llevaré; escucharán mi
voz, y habrá un solo rebaño con un solo pastor.
(Juan 10, 11-16)
Nosotros siguiendo a
Cristo somos herederos de las promesas de Dios a su pueblo. El vela por
nosotros y nos cuida en la iglesia a donde por gracia suya hemos sido llamados.
Jesús invita a todos a su rebaño aunque respeta nuestra libertad.
Los que lo acogen
entran en este Espíritu de adoración que, como a Moisés, nos hace conocer la
bondad de Dios.
Como Moisés, adoremos
a Dios, amémosle y sirvámosle, pues nuestra adoración es fruto del amor que
cree, espera, confía y ama devolviendo el amor que Dios tuvo primero.
Lo expresa la oración
que el ángel enseño a los tres pastorcitos: “Señor, creo, espero y os amo”
martes, 3 de marzo de 2026
ARAGÓN RADIO
ARAGON RADIO Emisora pública de la comunidad autónoma de Aragón Captada el 11 de febrero de 2026 a las 05,57 hora local desde Calatayud (NE de España)
RADIO EXTERIOR DE ESPAÑA
Retrasmisión de un partido de la liga de futbol española por Radio Exterior de España desde Noblejas (Toledo) en 9690 KHz en modo AM Captado en Calatayud el 8 de febrero de 2026 a las 15,21hora local (14,21 UTC)
sábado, 14 de febrero de 2026
COMPENDIO DEL CATECISMO DE LA IGLESIA CATOLICA La Fé
28. ¿Cuáles son las características de la fe?
La fe, don gratuito de Dios, accesible a cuantos la piden humildemente, es la virtud sobrenatural necesaria para salvarse. El acto de fe es un acto humano, es decir un acto de la inteligencia del hombre, el cual, bajo el impulso de la voluntad movida por Dios, asiente libremente a la verdad divina. Además, la fe es cierta porque se fundamenta sobre la Palabra de Dios; “actúa por medio de la caridad” (Ga 5,6); y está en continuo crecimiento, gracias, particularmente, a la escucha de la Palabra de Dios y a la oración. Ella nos hace pregustar desde ahora el gozo del cielo.
29. ¿Por qué afirmamos que no hay contradicción entre la fe y la ciencia?
Aunque la fe supera a la razón, no puede nunca haber contradicción entre la fe y la ciencia, ya que ambas tienen su origen en Dios. Es Dios mismo quien da al hombre tanto la luz de la razón como la fe. “Cree para comprender y comprende para creer” (San Agustín)
RECORDANDO EL MENSAJE DE FATIMA II
EL CONOCIMIENTO DE DIOS
El fin de todo
hombre, pues para esto fue creado, es al fin de su vida terrena poder gozar
eternamente de la visión y compañía de Dios. Esta visión de Dios “cara a cara”
es lo único que colmará plenamente todos los anhelos del hombre de felicidad y
plenitud. San Agustín lo expresa muy bien con esta frase: “Nos hiciste, Señor
para ti, y nuestro corazón no descansara hasta que repose en ti.
Santa Teresa de
Calcuta dice que la mayor pobreza es no tener a Dios.
El principio de toda
vida espiritual es creer en Dios; podemos ser pobres pero en Dios lo somos todo
y nada nos falta.
La persona que cree
en Dios es feliz porque sabe que tiene un Padre que está en el origen y la cima
de toda paternidad humana: ama a su Padre, descansa en sus brazos y vive para
ese Padre que sabe ser bondad, misericordia, perdón y amor.
¿Cómo podemos
encontrarnos con Dios?
Si no tenemos fe ni
capacidad de creer en él pedir este don rezándole: “¡Señor, ayúdame a creer!
También nos ayuda la
contemplación de su creación. No podemos ver ni sentir físicamente a Dios y
esto nos puede llevar a pensar que no existe. También en lo creado existen
cosas invisibles como por ejemplo las ondas de radio. No las vemos ni sentimos,
solo por sus efectos tenemos la certeza de su existencia.
La creación es un
efecto de la acción de su creador. Todo el orden y armonía se rige por su
voluntad con leyes amorosas y admirables.
Una vez decidido que
queremos aceptar libremente esta amistad y aceptación del fin para que el Señor
nos creó ¿Qué debemos hacer?
Recordemos el
evangelio del joven rico (Mateo 19:16-30 / Marcos 10:17-30 El joven
pregunta: Maestro bueno ¿Qué he de hacer para tener la vida eterna? Jesús responde: Si quieres entrar en la vida
eterna, guarda los mandamientos: No mataras; No cometerás adulterio; No
robaras; No darás falso testimonio; Honra a tu padre y a tu madre y Amaras al
prójimo como a ti mismo.
Este es el camino del
cielo: Cumplir los mandamientos.
La Santísima Virgen María
en la primera aparición en Fátima dijo que en las últimas diría lo que quería,
como así hizo.
Entre otras cosas
dijo: “No ofendan más a Dios que ya está muy ofendido”
Lo que más ofende a
Dios es la transgresión de sus mandamientos.
Todos somos reos del
pecado original que nos hace desconfiar del amor de Dios. Creemos que el viene
como tirano a dominarnos y recelamos de él.
Esto le pasaba al
pueblo de Israel en el Sinaí. Tenían miedo de acercarse a la presencia de Dios.
Tenían miedo de él. Moisés en cambio si puede subir por su humildad y
permanecer en la presencia de Dios.
Moisés por este mayor
conocimiento de Dios llega a ser conocedor de sus mandatos que trasmite al
pueblo y este acepta.
Hoy el mensajero que
nos enseña la voluntad de Dios y proclama sus mandatos es la Iglesia. Jesús ha dejado
en su Iglesia su palabra y los sacramentos como canales para redimirnos e ir
hacia Dios.
Obedezcamos pues lo
que la Iglesia nos enseña el camino que nos dará paz en medio de las luchas,
nos llevará a confiar en Dios y a poder –con la ayuda de su gracia, pues
nuestra debilidad, fruto del pecado original, siempre será un obstáculo-
encontrarnos con él y llegar al fin para el que Dios nos creó: Ir al cielo.



