sábado, 14 de febrero de 2026

RECORDANDO EL MENSAJE DE FATIMA II


 

                    EL CONOCIMIENTO DE DIOS

 

El fin de todo hombre, pues para esto fue creado, es al fin de su vida terrena poder gozar eternamente de la visión y compañía de Dios. Esta visión de Dios “cara a cara” es lo único que colmará plenamente todos los anhelos del hombre de felicidad y plenitud. San Agustín lo expresa muy bien con esta frase: “Nos hiciste, Señor para ti, y nuestro corazón no descansara hasta que repose en ti.

 

Santa Teresa de Calcuta dice que la mayor pobreza es no tener a Dios.

El principio de toda vida espiritual es creer en Dios; podemos ser pobres pero en Dios lo somos todo y nada nos falta.

La persona que cree en Dios es feliz porque sabe que tiene un Padre que está en el origen y la cima de toda paternidad humana: ama a su Padre, descansa en sus brazos y vive para ese Padre que sabe ser bondad, misericordia, perdón y amor.

 

 

¿Cómo podemos encontrarnos con Dios?

Si no tenemos fe ni capacidad de creer en él pedir este don rezándole: “¡Señor, ayúdame a creer!

También nos ayuda la contemplación de su creación. No podemos ver ni sentir físicamente a Dios y esto nos puede llevar a pensar que no existe. También en lo creado existen cosas invisibles como por ejemplo las ondas de radio. No las vemos ni sentimos, solo por sus efectos tenemos la certeza de su existencia.

La creación es un efecto de la acción de su creador. Todo el orden y armonía se rige por su voluntad con leyes amorosas y admirables.

Una vez decidido que queremos aceptar libremente esta amistad y aceptación del fin para que el Señor nos creó ¿Qué debemos hacer?

Recordemos el evangelio del joven rico  (Mateo 19:16-30 / Marcos 10:17-30 El joven pregunta: Maestro bueno ¿Qué he de hacer para tener la vida eterna?  Jesús responde: Si quieres entrar en la vida eterna, guarda los mandamientos: No mataras; No cometerás adulterio; No robaras; No darás falso testimonio; Honra a tu padre y a tu madre y Amaras al prójimo como a ti mismo.

Este es el camino del cielo: Cumplir los mandamientos.

La Santísima Virgen María en la primera aparición en Fátima dijo que en las últimas diría lo que quería, como así hizo.

Entre otras cosas dijo: “No ofendan más a Dios que ya está muy ofendido”

Lo que más ofende a Dios es la transgresión de sus mandamientos.

Todos somos reos del pecado original que nos hace desconfiar del amor de Dios. Creemos que el viene como tirano a dominarnos y recelamos de él.

Esto le pasaba al pueblo de Israel en el Sinaí. Tenían miedo de acercarse a la presencia de Dios. Tenían miedo de él. Moisés en cambio si puede subir por su humildad y permanecer en la presencia de Dios.

Moisés por este mayor conocimiento de Dios llega a ser conocedor de sus mandatos que trasmite al pueblo y este acepta.

Hoy el mensajero que nos enseña la voluntad de Dios y proclama sus mandatos es la Iglesia. Jesús ha dejado en su Iglesia su palabra y los sacramentos como canales para redimirnos e ir hacia Dios.

Obedezcamos pues lo que la Iglesia nos enseña el camino que nos dará paz en medio de las luchas, nos llevará a confiar en Dios y a poder –con la ayuda de su gracia, pues nuestra debilidad, fruto del pecado original, siempre será un obstáculo- encontrarnos con él y llegar al fin para el que Dios nos creó: Ir al cielo.