martes, 21 de julio de 2026

RECORDANDO EL MENSAJE DE FATIMA V


 


Guardar los días de Precepto

 

Ya desde el antiguo testamento nos viene dado este precepto:

“Seis días trabajaras y harás tus obras, pero el séptimo día es de descanso, consagrado al Señor tu Dios, y no harás en el trabajo alguno, ni tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu sierva, ni tu ganado, ni extranjero que este dentro de tus puertas, pues en seis días hizo el Señor el cielo y la tierra, el mar y cuanto en ellos se contiene, y el séptimo descanso. (Éxodo 20, 9-11)

Sabemos que en el antiguo testamento este día consagrado era el sábado. La iglesia con la autoridad recibida de Cristo: “Te daré las llaves del reino de los cielos; y todo lo que atares en la tierra quedará atado en los cielos, y todo lo que desatares sobre la tierra, quedará desatado en los cielos (Mateo 16, 19)” sustituyo el sábado por el domingo para conmemorar, no solo la obra de la creación, sino también la obra de la redención efectuada por Cristo, nuestro salvador, quien resucito en un domingo.

Vamos ahora a explicar el sentido de este precepto, o dicho de otro modo: ¿Cómo cumplirlo?

Leemos en la escritura: “Trabajaras durante seis días (…) Pero, el séptimo día es día de descanso consagrado al Señor tu Dios.”

Vemos que el objeto del domingo no es solamente el descansar de trabajos serviles, si no también, y sobre todo, un día para ser consagrado al Señor.

Es decir, un día para dedicarnos a la relación con Dios: La oración y la liturgia; obras de caridad como visitar un enfermo; disfrutando de nuestras relaciones con familiares y amigos; escuchando al prójimo; etc.

Si nuestra observancia del domingo se limitase solamente a no trabajar, no podríamos decir con conciencia tranquila que cumplimos el mandamiento de Dios, porque habremos respetado la parte referente al descanso, pero nos falta la parte de la consagración del día del Señor.

Es que Dios no nos creó simples seres materiales, tenemos también una parte de nuestro ser que es espiritual, que nos hace semejantes a Dios. Somos seres que piensan, conocen, escogen libremente y deciden; somos obra del pensamiento de Dios, creados por voluntad de Dios. Es por eso que la parte espiritual tiene que acompañar y santificar el descanso físico corporal.

Y todavía menos cumplirán estos preceptos aquellos que aunque se ocupen en distracciones pero estas no sean conforme a la voluntad de Dios, como por ejemplo aquellas que nos lleven a pecar.

Dice la sagrada escritura: “El que profane el sábado, será castigado con la muerte; el que trabaje en este día será borrado de en medio de su pueblo” (Éxodo 31, 14-15)

Como vemos el texto insiste en la importancia de la consagración de este día al Señor.

Jesucristo, que nos hizo entrar en la libertad de los hijos de Dios dice: “No esta hecho el hombre para el sábado sino el sábado para el hombre”. En la libertad que nos da Dios no se excluye que podamos realizar actividades y más si van encaminadas al bien común como por ejemplo un médico de guardia, pero esas actividades no han de ser lo más importante de este día, si no que en el estemos de cara a Dios.

La consagración del domingo exige que por lo menos una parte del día sea para el encuentro con el Señor. Un encuentro donde nos pongamos en comunicación más directa y sentida con el Señor por medio de la oración privada y colectiva, participando en la Santa Misa, rezando en familia.

Por ejemplo supongamos estamos en una parte del mundo donde no haya cerca un templo donde acudir a la eucaristía, el modo de santificar este día puede hacerse por ejemplo teniendo un rato de oración individual o colectivo donde se pueden leer las lecturas de la misa, rezar la liturgia de las horas o el Santo Rosario.

Este consejo no obsta para que siguiendo el precepto de la Santa Madre Iglesia, si no hay impedimento grave, se debe asistir a la Santa Misa los domingos y fiestas de guardar independientemente de que se comulgue o no en ella.

Es por esto que la iglesia, nuestra madre, nos manda participar en este día de la eucaristía. La eucaristía es el gran encuentro con Cristo que por amor a nosotros se esconde en las especies del pan y del vino. Si lo recibimos en estado de gracia, recibiremos su espíritu que nos dará fuerzas en nuestro caminar por esta vida.

Si no estamos en estado de gracia, también puede ser un buen día para reconciliarnos con Dios mediante la confesión.

Por último decir que debemos asistir a la Santa Misa con fe, prestando atención y uniéndonos desde el silencio a las oraciones del sacerdote, pues aunque preside él, es juntamente toda la asamblea quien comparte y dirige a Dios las oraciones que el sacerdote formula.